Mons. Arancibia clausuró el Año Sacerdotal en Mendoza

 

”El sacerdocio que hemos recibido”

El pasado jueves 10, con una solemne celebración eucarística, en la víspera de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Mons. José María Arancibia, junto al obispo auxiliar, Mons. Sergio Buenanueva, clausuró el año sacerdotal en Mendoza. Estuvieron acompañados por unos doscientos sacerdotes diocesanos y religiosos.

Así también, en la santa Misa participaron cientos de fieles que colmaron el Templo de la Compañía de Jesús, donde en la presencia del Sagrado Corazón de Jesús se oró especialmente por los sacerdotes, suplicando a Dios por su santidad y fidelidad, un gesto de comunión eclesial y de gratitud por el ministerio de nuestros pastores. Así lo expresó Mons. Arancibia al invitar a esta celebración, que cierra el Año sacerdotal convocado por Su Santidad Benedicto XVI, en el 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars.

La homilía estuvo a cargo del P. Tomás Bradley, sacerdote jesuita, miembro de la comunidad religiosa del Templo Sagrado Corazón, de calle Colón del centro mendocino. El P. Tomás en su mensaje se refirió al don del sacerdocio y al sentido de la vocación sacerdotal, al ministerio sacerdotal y a la consagración de la vida por Jesús. “Hoy, damos gracias por el sacerdocio que se nos ha regalado, expresó, Que Dios ha donado a su pueblo peregrino. ¡Es un don, una alegría, una misión! Es Cristo en nosotros para ungir a su pueblo, es Jesús en nosotros para hacerle llegar a Dios el corazón de los hombres. Unión de lo humano y lo divino. Valoración de la carne por la Palabra que acampó en ella”.

De igual manera reflexionó acerca de las expectativas, de la mirada que el mundo tiene o de lo que cree que debe ser un sacerdote hoy en día, - y dice – “El sacerdocio que hemos recibido, nos invita a vivir algo que, por nosotros mismos, no podemos vivir. No nos da el cuero. Sencillamente nos queda grande. Por algo algunos, que no son pocos, reaccionan y pretenden que vivamos como todo el mundo. Creen que bajando el nivel de exigencia, (ven que nos imponen algo, no perciben una opción personal) será posible que haya menos escándalos y más vocaciones”.

“Nosotros no elegimos, somos elegidos – recalcó el religioso - Hemos sido tomados de entre el pueblo de Dios para ser su presencia en medio de todos y para ser “hostias vivas” hacia Dios. Sabiéndonos elegidos, una y otra vez, día a día, oración a oración, encuentro a encuentro, viviendo cada sacramento, vamos fraguando este servicio que se nos ha confiado”.

Al finalizar rogó por todos los pastores pidiendo por el día a día de cada sacerdocio: “Que nuestro buen pastor, nos consuele en los momentos de oscuridad, nos fortalezca en los días de conflictos, nos regale su “pan para el camino”, y nos haga gozosos compañeros de nuestro pueblo peregrino que busca “vivir en tierra prometida”, en nuestra patria herida. Que San Juan María Vianney y el Cura Brochero intercedan por cada uno de nosotros”.

Ver texto completo del mensaje en la nota siguiente.

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